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Columna

¿Y QUÉ SI NOS EQUIVOCAMOS?

Civitas Cocuy24 de junio de 20264 min de lectura
¿Y QUÉ SI NOS EQUIVOCAMOS?

Yo crecí amando una idea de cómo debe ser la política. Es un ideal que nadie ha alcanzado en su perfección, pero todos luchamos por acercarnos a ello. Tenemos indicadores de que tanto hemos avanzado o retrocedido. Nunca vamos a ser tan buenos como algunos. A otros les falta aún para llegar a donde estamos nosotros, y hay que extenderles la mano para ayudarles. Los que no la tienen, hay que liberarlos. Su ausencia es sufrimiento, su presencia es prosperidad. Lo que está mal en este mundo es porque nos falta de ella: la democracia. Pero, ¿y qué si nos equivocamos?

Existen ideas que son prohibidas, pero a veces es necesario cuestionar lo incuestionable. Y este es el primer problema de la democracia: creemos en ella porque debemos. Los discursos políticos están cambiando rápidamente, pero cuestionar la democracia es un tabú que no se puede tocar. Estamos convencidos de que hay que defenderla no porque comparamos todas las opciones y llegamos a esa conclusión, sino porque se nos enseñó que si la cuestionamos somos malas personas.

Tengo que admitir: aunque yo ya me atreví a cuestionarla, todavía amo la idea de la democracia. Entre todos nos ponemos de acuerdo como nos organizamos como sociedad. Tomamos las decisiones juntos, y designamos a un grupo de personas de confianza para representarnos y liderarnos. Cada cierto tiempo un nuevo grupo de personas se encarga de esto, siempre actuando de buena fe. ¿Cómo nos aseguramos de esto? Claro: ser sinceros es el criterio para ser seleccionados.

Pero este es el segundo problema de la democracia: incentiva la mentira. El éxito del proyecto democrático depende de la moral que nos dice que hay que actuar para bien de todos. Pero la razón dice otra cosa. Es más: aunque un candidato quiera actuar para el bien de todos, la honestidad es su mayor desventaja. Para poder representar a su pueblo con buena fe tiene que ganarle al mentiroso, el que puede prometer todo, y para esto él mismo en mentiroso se tiene que convertir.

Cuando por fin haya mentido lo suficiente para vender la mejor idea y llegue al poder, se enfrenta al tercer problema de la democracia: Poco se logra y nada dura. Para guardar nuestros amados valores democráticos, tememos darle demasiado poder a una persona. El resultado es el eterno bloqueo. La mentira nunca se iba a cumplir, pero pronto el político se da cuenta que sus propuestas de buena fe tampoco las puede implementar. Hay que discutir, negociar y hacer concesiones hasta que de la idea inicial, sea buena o mala, solo queda una sombra. Y luego de cuatro, cinco o seis años, se acaba el periodo y vienen las elecciones. Otra vez hay que mentir más que el mentiroso. Pero ahora nuestro candidato mostró la verdad. En este momento, las ideas del mentiroso siempre sonarán mejor que la verdad vivida de la política bloqueada de nuestro candidato.

Si este sistema funciona es, y siempre será, por una sola razón: no ha llegado el suficientemente mentiroso. Pero tarde o temprano va a llegar. Lo hemos visto mil veces y lo estamos viendo hoy.

Nuestro plantea está ardiendo. La economía se está quebrando. Estamos con cada vez más guerras en el mundo. Y nuestro país se hunde en la violencia. La democracia solo nos ha demostrado una cosa: que está paralizada. Jamás voy a dejar de amar la idea de la democracia. Pero es tiempo de aceptar que es solo eso: una idea. Irónicamente, tal vez una cosa no ha sido la mentira que creíamos: el anhelo por el hombre fuerte. En un tiempo con tantos problemas, la peor acción es la no acción. Sí nuestra casa está ardiendo necesitamos quien nos saque de ahí. Démosle un sistema que no le obligue a mentir. Y un sistema que le permita actuar.

Tomás Ernesto Woyzeck Mejía: nació en Cota, Cundinamarca, en el año 1990. Su padre es ingeniero hijo de una familia polaca que emigró a Colombia en los años 1940 y su madre proviene de una familia de campesinos de Boyacá. Tomás ya desde joven descubrió su interés por la política. Como adolescente se involucró en el proyecto político socialista. Durante sus estudios de Ciencia Política en la Universidad Nacional de Colombia tuvo la oportunidad de realizar un intercambio en Belgrado, Serbia, tras el cual se alejó de sus anteriores ideales políticos. Se graduó de una maestría en Teoría Política y Social de la Universidad de Buenos Aires.

Woyzeck ha trabajado en varias instituciones académicas y como consultor político independiente dentro y fuera del país. Describe su pensamiento como “realismo radical”.